Los turbocompresores pueden llegar a girar a 200.000 rpm, y en coches de altas prestaciones, su temperatura puede llegar a los 1.000 grados centígrados. Los turbos y sus piezas móviles son resistentes, pero ninguna turbina soporta abusos continuados durante años sin consecuencias. Una de las más comunes señales para saber que el turbo está estropeado es la pérdida de potencia del coche, el humo blanco/azulado, y alto consumo de aceite son otras señales. Un buen consejo para alargar la vida de tu turbo sería una descarbonización del mismo.

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